Fragilidad de la Pareja en Chile: Entre la Autenticidad y la Inestabilidad
Acompañar a parejas y matrimonios hoy en día implica comprender un fenómeno clave: la transformación de los modelos de relación. En Chile, al igual que en muchas partes del mundo, las dinámicas de pareja han cambiado drásticamente en las últimas décadas. El matrimonio ya no es visto como la única forma válida de unión, y las relaciones afectivas han ganado un carácter más flexible, adaptado a los tiempos actuales.
En los últimos años, la cohabitación sin matrimonio ha aumentado significativamente. Muchas parejas optan por convivir sin formalizar su relación, ya sea por razones económicas, ideológicas o simplemente porque no ven el matrimonio como una necesidad. También han surgido nuevas formas de familia, desde hogares monoparentales hasta familias constituidas y acuerdo de convivencia o unión civil que van más allá del esquema tradicional.
Este fenómeno tiene aspectos muy positivos:
- Las relaciones de pareja se basan cada vez más en la libertad y el diálogo, no en imposiciones sociales o religiosas.
- Existen mayores niveles de igualdad en la toma de decisiones dentro de la pareja, pues los roles de género tradicionales han cambiado.
- Se valora la autenticidad en las relaciones, donde cada pareja define sus propias reglas y dinámicas, en lugar de seguir normas impuestas.
Sin embargo, la otra cara de la moneda es la fragilidad de la pareja y la alta conflictividad en las rupturas. La falta de un compromiso formal y la ausencia de modelos claros de
relación han generado una mayor inestabilidad. Esto se ve reflejando en elementos como:
- Altas tasas de separación en los primeros años de convivencia
- Dificultades en la resolución de conflictos, ya que el diálogo profundo y sostenido sigue siendo un desafío en muchas relaciones.
- Impacto emocional y familiar significativo en casos de ruptura, especialmente cuando hay hijos involucrados.
Las razones por las que las parejas terminan en Chile reflejan patrones similares a los de otros países occidentales. Entre los factores más recurrentes encontramos:
- Infidelidad y desconfianza
- Dificultades económicas y estrés laboral, que afectan la estabilidad del vínculo
- Falta de comunicación efectiva, lo que impide resolver problemas a tiempo
- Diferencias de expectativas, muchas veces porque no hubo un verdadero proceso de crecimiento profundo antes de convivir.
Sea cual sea la causa, la ruptura de una pareja constituye una herida biográfica significativa. En la mayoría de los casos, genera un profundo impacto emocional, que
puede traducirse en estrés, ansiedad, incertidumbre y, en muchos casos, efectos en la autoestima y en la percepción del futuro.
Ante esta nueva realidad, el acompañamiento a parejas se vuelve fundamental. No se trata de volver a modelos rígidos del pasado, sino de ofrecer herramientas para que las
relaciones sean más sanas, equilibradas y estables. Algunas claves para el acompañamiento en este contexto son:
- Fomentar el diálogo sincero y profundo en la pareja. No solo para resolver conflictos, sino para construir una relación basada en la confianza.
- Promover la madurez emocional. Muchas separaciones se deben a dificultades en la gestión de emociones y expectativas.
- Entregar herramientas para la toma de decisiones compartida. La igualdad en la pareja no significa ausencia de acuerdos, sino la necesidad de construirlos
juntos. - Ayuda en procesos de duelo tras una ruptura. Porque terminar una relación de pareja no solo afecta a quienes la vivieron, sino muchas veces a su entorno.
Chile enfrenta un proceso de transformación en su manera de entender las relaciones de pareja. En este escenario, el acompañamiento juega un rol clave para fortalecer los vínculos, promover relaciones más saludables y ayudar a quienes atraviesan momentos difíciles en su vida afectiva.

